INTBAU MÉXICO
RED INTERNACIONAL DE ARQUITECTURA, URBANISMO Y CONSTRUCCIÓN TRADICIONAL
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Construir comunidad frente a la fragmentación
Nadia Samir Rincón
Hacer arquitectura significa trabajar con la comunidad a través de la investigación, del análisis y de llevar a cabo un proyecto. El urbanismo es en gran medida, una extensión de la arquitectura, razón por la cual no deberían entenderse como temas separados.
México enfrenta graves problemas sociales que también encontramos en distintas partes del mundo. Entre guerras, migraciones, narcotráfico, prostitución, inseguridad, así como otras formas de violencia, nuestra sociedad enfrenta una creciente fragmentación.
Hace algunos años desarrollé un plan maestro para un barrio en la ciudad de Cuernavaca, en la búsqueda de soluciones a través del urbanismo para contrarrestar el narcotráfico y la inseguridad. El proyecto ha sido bien recibido en el ámbito internacional y también se ha presentado a nivel local. Siempre al presentar, realizando las siguientes preguntas:
¿Cuántos de ustedes han experimentado violencia?
¿Cuántos han visto a alguien vender o consumir drogas?
¿Cuántos han perdido a alguien a causa del narcotráfico?
Lamentablemente, en julio de 2026, un amigo perdió la vida a causa del narcotráfico. Fue una de las formas más injustas de perder una vida y estoy segura de que él solamente había trabajado durante años para construir una vida de calidad y en un instante esa posibilidad le fue arrebatada.
Su muerte me generó muchas dudas, pero también me hizo entender que existen todavía más motivos para continuar con esta lucha a través de la buena arquitectura y el urbanismo.
Quisiera poder vivir en una utopía perfecta como las que aparecen en las láminas de presentación, pero sé que la vida continúa y que la muerte también es parte de ella. Así que hoy más que nunca, entiendo que la respuesta a la inseguridad no es detenerse, sino que es, continuar aprendiendo del pasado para construir el presente y crear un mejor futuro.

La seguridad también se construye
Muchos dudan de la arquitectura clásica y del urbanismo tradicional porque consideran que debieron quedarse en el pasado. Sin embargo, muchas de las ideas que encontramos en las ciudades tradicionales siguen siendo relevantes para nuestras ciudades contemporáneas.
La arquitectura solamente, no puede resolver la violencia, pero lo que si puede hacer es contribuir a crear las condiciones para que una comunidad pueda desarrollarse. (Krier, 1988). Y sobretodo países como México necesitan esto.
Jane Jacobs habló de la importancia de las calles observadas por sus propios habitantes y desarrolló el concepto de los “ojos en la calle”, donde la presencia de personas, viviendas, comercios y actividades contribuye a generar condiciones de seguridad urbana (Jacobs, 1961).
Una calle segura no es necesariamente una calle vacía, la seguridad se da en una donde existe vida, como personas caminando, niños jugando, vecinos interactuando alrededor de sus casas, comercios abiertos y lugares donde las personas puedan detenerse, observar, convivir..
Jan Gehl estudió la importancia de aquello que sucede entre los edificios: caminar, permanecer, conversar, observar y participar en la vida pública. La calidad de los espacios urbanos está relacionada con las posibilidades que estos ofrecen para la vida cotidiana (Gehl, 2011). Cuando hablamos de seguridad, también debemos hablar de medidas arquitectónicas y metodologías de diseño urbano que existen en precedentes aplicados siglos anteriores y que podemos observar en varios ejemplos vivos de arquitectura histórica.

Una ciudad que podemos reconocer
El uso de suelo mixto permite que los servicios se encuentren a una distancia caminable y que la vida cotidiana sea más inmediata, ya que las calles necesitan actividad, os barrios espacios reconocibles y las ciudades necesitan hitos que permitan generar un sentido de localización y pertenencia.
Kevin Lynch explicó la importancia de la imagen mental que construimos de una ciudad a través de elementos como caminos, bordes, distritos, nodos e hitos. Son elementos que permiten que el entorno urbano sea legible y reconocible para los habitantes. Es importante cuando hablamos de identidad, pues la ciudad que no podemos reconocer difícilmente puede convertirse en un lugar con el que establezcamos una relación profunda.
Cuando reconocemos una plaza, una calle, una iglesia, un mercado o un edificio, es cuando comenzamos también a construir una memoria del lugar y a sentirnos parte del mismo y es ahí cuando la ciudad deja de ser solamente un conjunto de edificios y así se convierte en un lugar, el cual puede convertirse en parte de nuestra identidad. (Lynch, 1960).

Aprender del pasado
Christopher Alexander desarrollo con otros investigadores, en A Pattern Language una serie de patrones que permiten entender cómo determinadas relaciones entre edificios, calles, espacios públicos y actividades pueden contribuir a generar lugares donde la vida humana pueda desarrollarse de manera natural (Alexander et al., 1977). Estos principios pueden encontrarse en ciudades tradicionales de distintas partes del mundo: espacios públicos definidos por edificios, calles que conectan actividades, transiciones entre lo privado y lo público, plazas de diferentes escalas y lugares donde las personas pueden permanecer y hacer comunidad.
Para nada se trata de copiar una ciudad histórica, sino de entender por qué determinadas configuraciones han sido capaces de sostener la vida cotidiana durante generaciones y aplicarlo a la actualidad. (Alexander et al., 1977, Krier, 1998).
Léon Krier planteó también la relación entre arquitectura, ciudad y comunidad, así como la importancia de una estructura urbana donde calles, plazas, edificios y actividades formen un conjunto coherente para el desarrollo de la comunidad (Krier, 2009). Una comunidad viva se queda en la memoria de sus habitantes y así se genera la historia que dura por generaciones.
El urbanismo tradicional sigue teniendo mucho que enseñarnos; no porque debamos regresar al pasado literalmente, sino porque podemos aprender mucho de él, para replicarlo y adaptarlo a la actualidad.

Cultura, identidad e integración
Hoy más que nunca, no solamente Cuernavaca, Morelos o México, sino el mundo entero necesita definir sus límites culturales.
No significa pedir que los inmigrantes sean excluidos, pero si encontrar formas de integrarlos a la cultura del lugar para que puedan realmente aportar a la calidad de vida humana, sin borrar las diferencias. Una comunidad puede recibir nuevas personas, ideas y tradiciones y al mismo tiempo conservar aquello que le da identidad. (Lederach, 1997).
La arquitectura participa en este proceso porque también es una expresión física de la cultura, pues nuestros edificios, plazas, calles, materiales y espacios públicos cuentan historias sobre quiénes somos y sobre aquello que valoramos.
México tiene una riqueza enorme en este sentido: nuestros colores, los materiales, las plazas, los pueblos, las tradiciones constructivas y las diferentes culturas que han formado nuestra identidad. Preservar esta riqueza no significa congelar nuestras ciudades en el pasado, sino que significa reconocer que nuestra identidad también puede ayudarnos a construir el futuro. (González, 1996).
El pasado no es el problema
Muchos consideran que la arquitectura clásica y el urbanismo tradicional pertenecen a otra época. La respuesta correcta no es volver al pasado sino aprender todo lo que podamos de él.
Durante siglos, las ciudades fueron construidas alrededor de la escala humana, la proximidad, la mezcla de usos, la continuidad de las calles y la relación entre edificios y espacios públicos. (Jacobs, 1961).
Estos principios no dejaron de ser útiles porque haya cambiado el siglo, lo que ha cambiado es la manera en que los aplicamos, ya que podemos utilizar nuevas tecnologías sin abandonar principios urbanos fundamentales, construir edificios contemporáneos sin perder la relación con el lugar y asimismo podemos recibir nuevas culturas sin destruir la identidad existente. (Alexander et al., 1977).
Conclusión
Para mí, la importancia de estas redes no está solamente en promover la arquitectura tradicional o clásica, sino que está en mantenernos unidos. Está en saber que existen otras personas que también están estudiando el pasado, cuestionando el presente y buscando construir un mejor futuro.
No todos tendremos las mismas respuestas, tampoco trabajaremos en los mismos países, ni enfrentaremos exactamente los mismos problemas, pero podemos aprender unos de otros, compartir conocimiento, podemos ayudarnos y así construir una comunidad profesional, pero sobretodo una sociedad que tenga la capacidad de responder a los desafíos que enfrentan nuestras ciudades y heredar a futuras generaciones un lugar digno donde vivir.
Creo que esto es particularmente importante para nuestra generación, ya que los problemas sociales que vemos hoy no desaparecerán durante nuestra vida profesional. La violencia, las guerras, las migraciones, la pérdida de identidad y la fragmentación de nuestras ciudades continuarán presentándonos preguntas difíciles y frente a ellas tenemos un deber, el cual no es resolver todos los problemas del mundo a través de la arquitectura, pero es enfrentarlos y acturar.
Es ahora el momento, porque es cuando tenemos la posibilidad de trabajar, de hablar y de escuchar a las personas que tienen más experiencia que nosotros. Podemos aportar un pequeño grano a la humanidad con buenos diseños, ideas grandes, preservando nuestra cultura y estando orgullosos de quienes somos, de las mezclas que tenemos, nuestro lenguaje, de las texturas, los colores y sobre todo de la arquitectura y el urbanismo que hacen de México un lugar tan hermoso y lleno de comunidad.
La arquitectura no puede resolver todos los problemas de nuestra sociedad; tampoco puede permanecer indiferente ante ellos. Tenemos el deber de aprender, de trabajar y de mantenernos unidos. (Lederach, 1977).
Y es por todo esto que construir una ciudad sobretodo significa construir comunidad. Si las ciudades están hechas de personas, relaciones y espacios compartidos, esto hace nuestra responsabilidad como arquitectos, urbanistas y sociedad el preguntarnos qué tipo de vida estamos haciendo posible con lo que construimos.
Las ciudades no están hechas únicamente de edificios, están hechas de la naturaleza, de personas, de relaciones y de la vida que ocurre entre ellas.
Gracias por todo su apoyo.

Referencias
Alexander, C., Ishikawa, S., & Silverstein, M. (1977). A pattern language: Towns, buildings, construction. Oxford University Press.
Gehl, J. (2011). Life between buildings: Using public space. Island Press.
González Gortázar, F. (Ed.). (1996). La arquitectura mexicana del siglo XX. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Jacobs, J. (1961). The death and life of great American cities. Random House.
Krier, L. (2009). The architecture of community. Island Press.
Krier, L. (1998). Architecture: Choice or fate. Andreas Papadakis Publisher.
Lynch, K. (1960). The image of the city. MIT Press.
Lederach, J. P. (1997). Building peace: Sustainable reconciliation in divided societies. United States Institute of Peace Press.